Por: Manola Saavedra, redactora de NOVEDADES
Como me dan pena las abandonadas;
No las que al poeta, si no las casadas
Que van por la vida cargando unos hijos,
¡Sin criadas! Y haciendo trabajos prolijos.
¡Cómo hay quien olvide deberes de esposo
Y quite a s u media naranja el reposo
Y duerma en alcobas que no son la suya
Y en otros amores su vida diluya!
Las abandonadas son pobres mujeres
Que cumplen puntuales sus altos deberes
Como amas de casa o madres abnegadas.
¡Cómo me dan pena las abandonadas!
Las abandonadas son pobres mujeres
Que cumplen puntuales sus altos deberes
Como amas de casa o madres abnegadas
¡Cómo me dan pena las abandonadas!
Siempre solitarias, la vida vacía.
Desde que amanece hasta el fin del día
Ven telenovelas, tejiendo suéteres
O juegan canasta con otras mujeres.
Tienen dos caminos que escoger, la guerra
(Pataleta diaria) o sumisión de perra.
¡y en medio de tantos, de tantos rigores,
Se van marchitando como mustias flores!
Aquellos maridos que amarlas debieran
ni piensan en ellas ¡Ni verlas quisieran!
Y fingiendo citas, ¡juntas! De negocios,
En vanos placeres disfrutan sus ocios.
Las abandonadas son buenas esposas, resignadas, fieles….;
Si fueran malosas
Del Talión las leyes seguirían fielmente,
Pues “ojo por ojo y diente por diente”.
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